Sullus (enterrados vivos)
En La Paz se piensa que ciertos inmuebles, residencias amplias o incluso infraestructuras públicas significativas necesitan un “pago” para seguir en pie.
Este pago no siempre es solo un símbolo.
Los sullus son individuos —niños, fetos, personas sin hogar o solitarias— que, según la creencia general, fueron enterrados vivos en los cimientos de grandes edificaciones para “nutrir a la Pachamama”.
Algunos trabajadores relatan que durante las excavaciones han escuchado golpes en el suelo, gritos suaves o han encontrado restos humanos sin una clara razón.
Otros afirman que los sullus no hallan descanso y se hacen notar a través de ruidos, sombras o accidentes frecuentes en los edificios donde fueron sepultados.
En muchas construcciones modernas todavía se realizan ch’allas y ofrendas para evitar que “exijan más”.
Kari Kari
El Kari Kari o Kharisiri es un ser del altiplano y los valles de Bolivia. Se le reconoce por su habilidad de extraer la grasa de quienes viajan solos, utilizando diferentes métodos.
Este ser también es conocido como lik’ichiri o sacamantecas en Potosí. Sin embargo, el término Kharisiri proviene de su vínculo con la palabra aymara khariña, que se refiere al acto de cortar carne.
Según la mayoría de las documentaciones, el Kari Kari lleva consigo pan, una campanita, «su libro de oraciones malignas» y un «aparato» para sacar la grasa de sus víctimas.
Otros relatos indican que los kari karis utilizan una jeringa y «espolvorean cenizas de muertos y restos de la bolsa amniótica de recién nacidos». El Kari Kari coloca sus herramientas en el suelo y empieza a rezar para invocar al ajayú, para que sus víctimas caigan en un sueño profundo. Así, se asegura de que no despierten mientras toma la grasa de sus cuerpos.
Por lo general, el Kari Kari es un individuo, ya sea hombre o mujer, «que no se distingue de los otros».
Durante la noche, mantiene su forma humana, pero durante el día puede convertirse en una oveja con grandes cuernos. En otras ocasiones, puede adoptar la apariencia de un burro.
El majestuoso Illimani
Se dice que el hijo de Huiracocha, conocido como Illi, se encontró con Mana, la hija que había sido exiliada por su padre, el poderoso Furia Keschua. La joven amaba cantar, lo que cautivó a Illi, pero había una enemistad entre sus familias que hacía muy difícil que pudieran estar juntos.
A pesar de las dificultades, Illi, motivado por la música de su amada, decidió unirse en matrimonio con ella desafiando a todos.
El día de la boda, los habitantes del valle vieron cómo surgía un gran nevado, blanco y majestuoso, que se alzaba sobre la ciudad mientras la hermosa Mana desaparecía sin dejar indicios.
Mana se transformó en el grande y hermoso nevado, que alcanza los 6 mil metros de altitud, cuya nieve representa el vestido blanco que había elegido para su ceremonia nupcial.
Ante la tristeza y el enojo de Illi, su padre, Huiracocha, decidió convertir a su hijo en la brisa que rodea la cima de su querida, de este modo permanecieron unidos para siempre.
Mucho tiempo después, el Inca Pachacútej llegó al lugar y al conocer la historia de amor de los jóvenes, llamó al cerro nevado Illimani, en honor a Illi y Mana.